martes, 24 de noviembre de 2009

La guerra de los Unos

Nadie sabe cuando empezó, posiblemente nos tendríamos que remontar al origen de los tiempos para saber desde cuándo estamos aquí y creíamos que siempre estaríamos aquí. La única verdad era que nuestro tiempo acababa y nos negábamos a aceptarlo.

Durante multitud de unidades habíamos convivido plácidamente con el resto, disfrutando con la generosidad de nuestro número y sin preocuparnos por quienes intentaban dominar pequeños reductos de tierra. Muchos pensábamos que había espacio para todos, y a otros no les importaba mientras no perturbaran el orden establecido.

Dicen los más viejos que aquí, en nuestra tierra, se impuso la formación más eficaz de nuestros ejércitos. Tras largos periodos de incursiones desordenadas y luchas sin control el Gran Uno estableció el orden definitivo. Nunca tanto esplendor había brillado en un campo de batalla. Pero los tiempos cambian y la decisión del Gran Uno de retirarse nos sumió a todos en un largo periodo de laxitud.

Los rumores comenzaron a llegar de oriente. Nadie prestaba suficiente atención, pues eran pocos y mal organizados. Al principio no se entrometían en nuestras actividades, pero cada vez llegaban más y ocupaban pequeños barrios de nuestras ciudades.

Algunos pusieron el grito en el cielo con la primera incursión a gran escala. Fue en la falda del Monte Horadado donde se celebró el primer cónclave. Los más ancianos criticaron la dejadez del Consejo ante la incursión. El Consejo estimaba la opinión de los ancianos, pero cuestionaba la importancia del suceso que ocurría en un lugar tan distante. Es más, conocíamos que en Oriente habían otros pueblos diferentes y nunca supusieron un problema para nosotros. Sin embargo, en una cosa tenían razón: los pueblos orientales nunca había llegado hasta nosotros, estos sí.

"Nunca", la repito tantas veces que ya no sé su sentido. La hemos dicho tantas veces que ya nadie sabe su sentido. Pero dejadme que os siga contando, que os cuente... lo que "nunca" creímos que nos iba a pasar.

El consejo accedió a incrementar la vigilancia y a establecer un censo de cuantos estaban ya con nosotros. Censo que no resultaba difí ... Es igual... Da lo mismo cómo se comportaban, como vivían... Los informes del Este no dejaron lugar a dudas: guerra. El segundo cónclave se reunió con urgencia y esta vez los más beligerantes ganaron la partida.

Se envió un ejército al Este con legiones de aquí más otras que se unirían en el camino; un ejército suficiente para asestar un duro castigo; un ejército que nos mostraría el principio de nuestro fin. Lloramos amargamente la derrota y nos enjuagamos con agua salada nuestras heridas. Habíamos ido a restablecer el orden y volvimos dejando el camino libre hasta el corazón de nuestras tierras.

Rápidamente se organizo el mayor ejército que jamás había existido. Se constituía de poderosas unidades V, X, L, C, D y M, que conformaban las legiones de Unos invictas desde la llegada del Gran Uno. En un movimiento estudiado fuimos a su encuentro en Llanura Central, donde el despliegue de los cuerpos permitiría un fácil desbordamiento de los flancos. Esta vez no infravaloraríamos al enemigo.

Yo comandaba una unidad M encargada de cubrir el vado rió arriba, mi misión era evitar que cruzaran el río y nos atacaran por la retaguardia. De nuevo nuestra principal estrategia consistía en alargar el frente de batalla, cuanto más extendiéramos las líneas sin dejar huecos más aprovecharíamos nuestro número: la baza que nos enseñó el Gran Uno. Con el rió a la izquierda, los encerraríamos en una hábil maniobra envolvente, obligándolos a luchar apiñados o morir ahogados.

Qué estúpidos fuimos pensando así, su disposición se adaptaba mejor a los nuevos tiempos; su formación acrecentaba la fuerza por la colocación en vez de por el número, con los mismos cuerpos cubrían amplios espacios sin una fisura entre ellos. Sólo necesitaban de nueve cuerpos para cubrir todos los frentes. El cuerpo 1 era tan maniobrable como nuestras unidades. Algunos decían que estaban formados por renegados nuestros. El 5 equivalía a nuestra unidad V y el 9 era tan poderosa como la X. Pero había una gran diferencia: la unión de dos de ellas podía hacer frente a varias de las nuestras. Y, de manera incomprensible, dependiendo del flanco que ocupaban su fuerza crecía. La unión 19 hacia frente a dos de nuestras X, pero en un cambio de flanco, la unión 91, los convertía tan poderosos como nuestra C.

Lo más extraño era su cuerpo fantasma 0. Ante nosotros se colocó un cuerpo 1. Mis unidades me solicitaron salir y acabar con el, era sólo un 1 y nosotros mil unidades. Envié una unidad X y, de repente, junto al 1 apareció un fantasmal 0 que repelió el ataque. No lo podía creer, de la nada había aparecido 0 y al colocarse junto a 1 incrementó sus fuerzas. Envié una unidad C y al momento dos fantasmales 0 se colocaron junto a 1 y detuvieron el ataque. En ese instante comprendí que la guerra estaba perdida: no sólo sus cuerpos eran tan fuertes como nuestras unidades, además sus fantasmales 0 no tenían igual.

La guerra de los Unos terminó por extenuación, por más que añadíamos unidades en el frente, ellos cambiaban de colocación o añadían algún fantasmal 0. No quisieron acabar con nosotros, nos permitieron compartir la misma tierra, pero relegándonos a cuestiones leves o incluyéndonos en su cuerpo 1.

Yo decidí dedicarme a los siglos, a los años en algún documento importante y, de vez en cuando, a contar esta historia a quien desee escucharla.

Epílogo
En 1202 un joven italiano publica Liber Abaci, donde introduce una nueva forma de entender el uso del ábaco. Durante su estancia en los países musulmanes ha aprendido un nuevo sistema de numeración y una nueva escritura numérica basada en la notación posicional. Hasta ahora pocos escritos occidentales se habían fijado en este descubrimiento, sólo las traducciones que llegaban desde Toledo. A partir de este momento las escuelas, que empiezan a enseñar con este libro, ofrecerán mejores capacidades a los comerciantes italianos. Es el comienzo de una nueva era en las matemáticas, trasladando el centro del conocimiento desde oriente a occidente.

2 cinceladas:

Marsa dijo...

Hola Jesús, me ha gustado muchísimo tu relato, lo podría definir como una "realidad fantástica". También lo encuentro muy bien organizado con respecto a su comprensión y muy emocionante por las maravillosas capacidades de los Unos, frente a lo que podía parecer como buen asentamiento de la grafía de los valores numéricos en occidente.
De verdad, es estupendo. Enhorabuena.

jesus dijo...

Gracias Marsa. Dudé en referenciar que Fibonacci, el joven italiano, aprendió, entre otras cosas, el sistema de numeración y la metodología algorítmica de las operaciones elementales de al-Juârizmî. Pero pienso que resulta más bonito que el lector sienta curiosidad por buscarlo el mismo.

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