
¿Qué puede hacer un hombre cuando todo falla en su vida?
Ni la tierra cambia su giro, ni los mares se secan, ni las estrellas
se revuelven en el cielo. Todo sigue igual y nada es lo mismo.
Por la calle, húmeda del relente de la noche, solo se ve a un gato, negro y flaco, en busca de vete a saber qué. Tal vez algo que comer o quizá un poco de amor. Como él.
Cubierto por una vieja gabardina y un sombrero raído de ala ancha, fuma y camina lentamente. En el cruce de la calle un coche frena con brusquedad y una larga pierna de mujer, enfundada en una media negra y calzada con un zapato puntiagudo y de altísimo tacón, asoma por la puerta que acaba de abrirse bruscamente. El resto de su cuerpo sale del auto y se aleja rápidamente en dirección contraria, justo hacia donde el hombre se encuentra. El la ve acercarse y observa su abrigo de terciopelo y raso, la melena rubia y larga, el pequeño bolso bajo el brazo y los pies casi en puntillas, por los tacones, que repiquetean sobre la acera en el silencio de la noche.
Pasa a su lado levantando una ligera brisa que esparce un delicioso aroma a perfume caro que lo inunda todo y que produce en él un ligero brote de ansiedad y ganas. Siempre ha sabido apreciar cuando una mujer es magnífica y esta lo es.
Del coche parado ha salido un hombre que, visto a distancia, parece maduro y camina rápidamente en pos de la mujer, que ni siquiera gira la cabeza para mirar atrás.
El, sin pensarlo siquiera, sigue a la mujer y la alcanza y tocando ligeramente su brazo, hace que se detenga:
-¿Está Vd. en apuros? ¿Necesita ayuda?
- Ella le dirige una mirada salvaje; echa chispas por unos ojos verdes, ahora borrosos por la ira. Mira por primera vez hacia el hombre que la sigue y tomándole a él del brazo se pega bien a su cuerpo y le dice con voz ronca:
- Vamos.
No sabe a donde le lleva, pero se dejaría ir con ella a donde quisiera llevarle. El perfume que despide lo embriaga y esa mano posada en su brazo le hace sentir un calor que abrasa. Caminan a buen paso, juntos, agarrados como dos enamorados que tienen prisa. En la acera contraria hay una luz encendida en el Bar de Polin. El hombre ha dejado de seguirles, tal vez se ha asustado o quizá ha pensado que no merecía la pena. No necesitan decir nada, como si ese fuera su destino se dirigen hacia el bar, entran y miran si hay una mesa libre. La hay.
Ella no quiere hablar. Y el tampoco. Toman una copa despacio y solo se miran. En su pensamiento, el dibuja con su lengua el perfil de sus labios carnosos y besa suavemente entre el escote abierto de su blusa. Ella parece adivinar lo que piensa y descalzando su pie pasea con sus dedos por debajo del pantalón del hombre acariciando su pierna. El respinga como electrizado, ella sonríe y deja sus labios entreabiertos por donde asuma la punta de su lengua sonrosada y húmeda. Los dedos de él son como metal atraído por un imán. Trepan desde la mano de ella, por el brazo y vuelven a bajar en una suave caricia. Cuando acerca su mano a su nariz, él siente en sus dedos ese aroma que lo enloquece.
En el bar suena una música suave y el hombre la toma de la mano y le ofrece bailarla. Ella se descalza y se deja abrazar estrechamente. Bailan lentamente, pegados, mirándose a los ojos sin pestañear, comiéndose con la mirada. Todo se borra de su entorno, desaparece. No hay nada entre ellos, ni siquiera el aire. O sí, los rodea ese aroma a perfume caro que lo subyuga y el del aliento que brota de su boca cuando respira.
Queda poca noche cuando, por fin, dejan el bar que ya se cierra y caminan por la calle en dirección a alguna parte, no se sabe cual. Juntos. Sin decir nada, sin nombres ni apellidos, sin pasado ni futuro. Llenos de pasión por desatarse. Deseando comerse a bocados. Desesperadamente.





9 cinceladas:
Bueno, amiga mía, tu relato me ha llevado a una secuencia del cine de los 50; tiene un muy buena carga de visualización.
Por otra parte, en esa aparición, saliendo del coche, cuando dices: "El resto de su cuerpo sale del auto y se aleja rápidamente", creo que esta forma de expresarla, rompe la magia del momento. Creo que podías darle otras palabras más sugerentes, como: (...)una larga pierna de mujer, enfundada en una media negra y calzada con un zapato puntiagudo y de altísimo tacón, asoma por la puerta que acaba de abrirse bruscamente, Y DETRÁS SU DUEÑA; ELLA CORRE HACIA donde el hombre se encuentra.(...) Con este cambio te ahorrarías dos adverbios terminados en mente, tan cercanos.
"El, sin pensarlo siquiera": cómo es artículo, ÉL debe ser con ACENTO.
Tener dos hombre en escena, sin nombres, dificulta la narración. Sabemos que uno lleva sombrero y el otro acaba de salir del coche y le ofrece ayuda. Pero encuentro que oscurece la secuencia.
El "perfume" de ella, se repite, y en un texto corto no haría falta.
"En el bar suena una música suave y el hombre la toma de la mano y la ofrece bailarla". Él no la baila, sería suficiente: Y LE OFRECE BAILAR.
Yo al leerlo he pensado que la importancia que le da al perfume no es tanto para que el lector se acuerde del perfume si no para enfatizar la importancia de todos los sentidos en la atracción física ya que aparecen todos.
Me ha gutado la historia y me gusta el último párrafo que da la idea de esa pasión desenfrenada en la que no importa nada más que el momento que se vive.
A mí lo que me suena un poco raro es el O sí, del penúltimo párrafo. Me parece que lo que sigue está bien pero que ese o sí lo introduce alguien que lo estuviera contando y de repente se acordara de algo más que ha olvidado mencionar. Para mí eso corta de repente con la historia justo antes de acabarla.
un saludo.
"No hay nada entre ellos, ni siquiera el aire. O sí, los rodea ese aroma a perfume caro que lo subyuga y el del aliento que brota de su boca cuando respira."
Dice que nada se interpone entre ellos, ni siquiera el aire, o sí (osea tal vez si hay algo) los rodea el aroma a perfume caro .... osea ese aroma que a él le estimula tanto ..junto con el aliento de ella.
Gracias por tus comentarios
Gracias tambien a ti Marsa, y a ver hay dos hombres en mi relato, el del sombrero va por la calle y observa a la dama que sale del coche, airada y muy enfadada, el que iba con ella en el auto sale y trata de alcanzarla, el del sombrero le ofrece ayuda y se van juntos. El otro al verlo se queda atrás y desaparece de la escena. Todo en esta historia es transitorio. Sin nombres ni apellidos. Lo digo.
En cuanto a la música digo:
"En el bar suena una música suave y el hombre la toma de la mano y la ofrece bailarla."
Osea : suena una música suave y él la ofrece bailarla (la música).
Puede que no te guste, pero no creo que esté mal dicho.
Lo de los acentos, seguro que tienes razón a veces voy tan rápida que se me olvidan o no los veo.
El olfato es uno más de los sentidos y en este caso de calentón súbito, tiene mucho que ver. Incrementa la líbido del hombre que aprecia un aroma delicado y estimulante en una mujer que parece especial.
Gracias por comentar. Un besote.
Disculpa Rosita, no entendí bien lo de "bailarla", y claro, siendo la música, lo que hay que hacer es "bailarla" No es que no me guste, es que lo había entendido mal. El relato atrapa, de verdad te lo digo.
Besazos. (Yo ya no sé dar besitos hasta a mis nietos pequeños -4 meses, 3 años y 5 años, les doy besazos).
Una cosita, Rosg, a mí tampoco me gusta eso de "bailarla", aunque tome significado en tu explicación. De todas formas, y es una pregunta porque yo me lío mucho, ¿no sería "le ofrece bailarla" en vez de tu "la ofrece bailarla"?
Si, Gabriel ... ahi sí te doy la razón. Lo he releído con el le y no la y suena mejor. Lo edito. Gracias.
Es que no podía haber dos complementos directos en la misma oración, amiga Rosg.
Cierto Gabriel.
Publicar un comentario en la entrada