viernes, 23 de octubre de 2009

Bocas rojas



De nada sirven a veces la buena voluntad y las promesas de enmienda,
Lo tengo comprobado, cuanto más me propongo mantenerme libre de pensamientos que no me convienen, más caigo en ellos.

Yo quiero mirar a las mujeres como miro los cuadros en el Museo: como la maravillosa obra de arte que son. Y casi siempre lo consigo. Pero hay días, últimamente muchos, en que, con solo ver sus hermosas bocas, jugosas por esas cremas rojas que se ponen en ellos y su lengua húmeda asomándose discretamente entre ellos, ya siento que el torrente de mi sangre viene y va más rápido de lo habitual.

La otra tarde, sentada en un alto taburete en la Pastelería, una bella mujer, ya madura, de piernas largas, que se cruzaban sabiamente para aparecer modosa y justa, bebía café, saboreándolo y con delicadeza tomaba un bombón tras otro de un platito de loza floreada.

Yo esperaba mi turno y la miraba discretamente. El simple recorrido por sus piernas, enfundadas en unas medias transparentes y ligeras y la observación del hueco oscuro que se perdía entre ellas, fue para mí como el gusano que comienza a horadar el agujero donde refugiarse. Pero lo que acabó por llevarme de nuevo a lo que es motivo de mi más grave preocupación, fue contemplar aquellos labios succionando golosamente aquellos bombones por los que, como si fuera una niña, pasaba su lengua húmeda y ya marrón de chocolate, o viendo el licor de algunos de ellos deslizarse desde su boca por la barbilla, gota a gota … y pensarme a mi recogiendo con la mía aquel líquido, de su piel pegajosa y dulce.

Llegó mi turno, pedí los bollos que deseaba y sintiendo un poco de vergüenza por mi falta de continencia, pero sin poder apartarla de mis pensamientos, me fui rápidamente pues andaba tarde.

Mis manos temblaron ostentosamente cuando aquella boca con la que había estado soñando y me había proporcionado pensamientos nada convenientes, se abrió ante ellas y la pequeña lengua asomó a través, aún pintada de chocolate, para que yo depositara en ella la Sagrada Hostia, a la hora de la Comunión.

Como ya decía, por más que lo intento no consigo que mi mente no se escape y vuele por donde quiere cuando veo una mujer. ¡Que Dios me perdone!

Rosg.

5 cinceladas:

Gabriel Frau dijo...

¡Buf! Creo, Rosg, que has dado en uno de los que antaño fueron puntos candentes de literatos, escritores, troveros y gloseros. ¿Cuál es en realidad el sentido de tu escrito? ¿Pretendes explicar que un sacerdote, un religioso, una monja, son también personas y, como tales, tienen las mismas tentaciones y los mismos sentimientos que los que no hemos hecho ningún voto? O, por el contrario, ¿pretendes meter el dedo en la llaga de la hipocresía de religiosos y religiosas y esbozarnos una cierta realidad que siempre ha existido intramuros? Quizás, no sé, ¿pretendes otorgar a tu escrito de un áurea de burla o chacota hacia el estamento clerical (tal vez, ¿quién sabe?, de cierto morbo)?

En mi opinión, sería muy interesante abrir un foro de debate literario, donde pudiéramos hablar de estos y de cualesquiera otros temas que fueran surgiendo, siempre, por supuesto, relacionados con el mundo de la literatura.

Este foro del que hablo, a modo de tertulia literaria, es lo que echo en falta en muchísimas páginas de escritorzuelos o similares. Creo que sería muy interesante tener un lugar de discusión para ello.

Marsa dijo...

Querida amiga, éste tema, casi tabú en muchos ambientes, no refleja otra cosa que la naturaleza, simplemente humana, de los/as que prometieron vivir en celibato. ¡Dichosa manía la de la iglesia católica! que en una postura que consideran santa, la del rechazo del sexo, aceptado como fallo divino e incomprensible, en la creación de todo lo existente, de ese dios que dicen conocer.

En fin, las religiones son demasiado antiguas como para aceptar y comprender la complejidad de la naturaleza.

Rosg dijo...

Pues verás Gabriel, no hay pretensiones en mi relato, solo hablo de algo natural que le sucede a un hombre; lo de menos es si este hombre es albañil, abogado, teniente o cura.
Lo que puede ser diferente es la forma de enfocar o afrontar cada uno algo tan sencillo como es la atracción física.

Tienes razón que se puede hablar mucho de esto y más profundamente. Pero aqui estamos solo por el relato erótico. Hay un hilo aqui para comentarios, críticas y todo eso. Si te apetece podrías empezar ahi y a ver que dicen (si dicen algo) los demás.

Gracias por comentar. Saludos cordiales.

Gabriel Frau dijo...

Por supuesto, Rosg, que es algo natural que le sucede a un hombre. Ya sea cura ya sea camionero, las tentaciones son las mismas. Pero en un relato, no creo que, como tú comentas, sea lo de menos si es albañil o si es cura, aunque sólo sea por el hecho de que el único hombre que tiene prohibido el sexo es el cura. Los religiosos, voluntariamente, han asumido un voto de castidad, algo que el resto de hombres no ha hecho. No, para mí no es lo mismo que hables del sexo de un religioso o del sexo de cualquier otra persona, pues el religioso ha renunciado voluntariamente al sexo. No lo llames pecado, pues veo que no eres religiosa, pero llámale engaño si quieres: el cura de tu historia siente una tentación de algo a lo que él mismo ha renunciado. Cualquier otro hombre, no cura, no ha renunciado a nada.

Rosg dijo...

Claro Gabriel, tienes razón, por eso es un cura el protagonista del relato.Precisamente. Pero el caso es que no son solo los curas los que tienen un compromiso sobre el sexo, también lo tienen los que están comprometidos con una mujer, por ejemplo. Sobre todo si tienes creencias religiosas y pasamos a hablar de pecados. El caso es que mi cura y los demás con compromiso pueden tener tentaciones, el problema está en si caen en ellas o no.

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