domingo, 20 de septiembre de 2009

Punto de no retorno


La primera vez fue algo simplemente inexperado. Ocurrió sin más. Después, me gustaría decir que nada fue lo mismo, pero lo cierto es que todo siguió más o menos como siempre, al menos durante un tiempo. Y, sin embargo ya no había marcha atrás, ya no sería la misma. Volvimos a hacerlo un par de veces más de manera casual. Sin buscarlo ninguno de los dos, sin pensar en ello. Surgía y era agradable, nada más. Poco a poco comenzamos a buscar la complicidad del secreto para volver a repetirlo a escondidas. Es cierto que la furtividad incrementa la satisfacción. Supongo que la adrenalina y todas esas mierdas ayudan a que todo parezca más intenso, más real. Aún así no era algo habitual, lo hacíamos un par de veces o tres al mes, si acaso una vez a la semana al final. Porque sí, del mismo modo que comenzó, terminó. Y fue entonces cuando descubrí que mi vida había cambiado. Porque aunque intentábamos fingir que nada había sucedido, y realmente nadie supo nada, lo cierto es que a partir del momento en que fui consciente de que nunca más se repitirían nuestros encuentros clandestinos, comencé a obsesionarme. La adicción era meramente psicológica, no había ningún indicio objetivo de que mi cuerpo necesitara de aquello. Por supuesto traté de que mi vida continuara como hasta entonces, que nadie descubriera en qué se ocupaba mi pensamiento en cuanto tenía un instante, que nadie supiera que intentaba revivir aquellas sensaciones una y otra vez, hasta en sueños. Pensé en más de una ocasión en llamarle, decirle que me gustaría continuar con nuestro juego. Pero nunca lo hice. Sabía que para él, lo que hicimos la última vez, había sido demasiado. Nunca hablamos de ello. No hizo falta. Sus mirada fue suficientemente explícita. Nunca más. Pero, en mí nació un vacío que no pude rellenar sola. Llámalo cobardía. Sí, siempre temí que se nos fuera la cosa de las manos y por otro lado lo deseaba, por eso en aquella última sesión hice que fuérmos más lejos que nunca. Bueno, eso ya es historia. El caso es que deseaba, como ya he dicho, volver a revivir aquellas emociones e incluso continuar experimentando. Cruzar una línea solemente sirve para atisbar la siguiente y desear cruzarla. Y era eso lo que me comía por dentro: el deseo. Los recuerdos apenas conseguían aplacarlo, e incluso en sueños, que comenzaron siendo la única vía de escape a tanta frustración, no encontraba más que impotencia e insatisfacción. Y desde entonces el vacío ha seguido ahí, haciéndome compañía fielmente, por temporadas pareciendo menguar, otras revelándose infinito. Por supuesto que volví a cruzar el límite, y muchos más, pero sin encontrar lo que, ahora sé, nunca más podre obtener. Porque para eso tendría que volver a ser la que era antes de que todo cambiara, antes de aquella última vez, antes de la primera. Lo sé, volver atrás en el tiempo, regresar al momento en que todo cambió, es un imposible.

2 cinceladas:

Gabriel Frau dijo...

Me ha encantado, Daniel. Faltas de ortografía aparte (alguna grave, como "el vacío "a" seguido ahí"), lo cierto es que el texto engancha.

Al principio parece evidente que intentas jugar con el lector, que aquello que parece obvio al final va a ser otra cosa. Luego ya empiezas a dudar. Y te quedarías con la duda si no existiera la última frase alusiva a la inocencia. Yo, personalmente, la eliminaría, pero imagino que no es el sentido que tú pretendes darle.

Sencillamente, me ha gustado.

Daniel Turambar dijo...

Tienes razón esa última referencia puede guiar demasiado hacia un terreno que no tiene por qué ser realmente el insinuado. Lo corrijo y doy un voltio a las faltas (lo subí anoche directamente y algo "ciego").

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