viernes, 14 de agosto de 2009

Lágrimas de San Lorenzo

No se asomaba la Osa Menor cuando fuimos al camino que unía la casa con los animales del abuelo. Mi padre llevaba una silla en una mano y un granizado en la otra. Yo lo acompañaba un poco asustada mirando a los alrededores. Le pedí que volviésemos porque tenía miedo y el me contestó su letanía habitual: conmigo nunca debes tener miedo, yo siempre te protegeré. Se sentó en medio del camino y yo encima de él, dejando que su barba cosquilleara mi oreja. Le dije que tenía un poco de frió y colocó los brazos como un manto sobre mi cuerpo. Me deslicé levemente para cobijar la cabeza entre el bíceps y el pecho. Llevaba una camiseta de tirantes, y yo otra, y la sensación fría y suave del músculo me agradaba. Le di un beso y él me beso la cabeza. Entonces levantó la mano y señaló las estrellas. Cuatro en forma de cubo y tres más que hacían de mango: la osa mayor. Me dijo que también había una osa menor con su famosa Polaris, la estrella polar, pero esa noche no la vimos. El miedo había desaparecido, entre sus brazos solo sentía calor, pero no como el de la tarde cuando nos zambullimos en la piscina para refrescarnos; era el calor agradable que me dormía por las noches.

Le pregunté por mas estrellas y me señaló Alioth y la brillante Arturo. Me contó su historia como guardián del oso y me habló de Régulo en la constelación del León. Me quedé sorprendida al enterarme de nombres como Hércules, Dragón, Cisne o Can Mayor con la imponente Sirio, la estrella más brillante del cielo, pero esa noche no la pudimos ver. No sé cuanto tiempo transcurrió, lo cierto es que se pasó en un momento, hasta que una estrella fugaz cruzó delante de nuestros ojos. Mi padre saltó y exclamó: ¡la has visto!. Si, la vi. Vi un destello aparecer entre las estrellas y apagarse en un suspiro. Pedí un deseo, pero no me dio tiempo a solicitarlo antes de que desapareciera. Así que me preparé para la siguiente, esta vez lo pediría con mayor rapidez, la suficiente para que se cumpliera. Pero la segunda estrella fue tan fugaz como la primera y dos más que apenas parecían un destello en el cielo.

Elevé la mano y dije: ¡papa una!, y como un torrente desbocado pensé en el deseo; pero otra vez me equivoqué. Mi padre me enseñó a diferenciar las estrellas de los aviones. Decidí desear siempre lo mismo: una DS con cámara. Mi padre y mi madre también lo hacían, siempre deseaban salud para mi y la familia. La noche fue mágica, llena de historias y estrellas, en el camino, detrás de la casa, acurrucada en los brazos y mirando el cielo. Vimos cinco estrellas fugaces, pero no nos quedamos hasta más tarde cuando mejor se verían. Los ojos se me entornaban y mi padre estaba agotado de doblar el cuello.

Aquella fue la primera vez que vi las Lágrimas de San Lorenzo y una lágrima en el ojo de mi padre cuando le di un beso por la maravillosa noche que me había enseñado.

(Corregido, 24-08-2009)

4 cinceladas:

Daniel Turambar dijo...

Vamos al turrón. La expresión "No era muy de noche", que usamos coloquialmente no queda muy fina y menos como inicio de un relato... Le daría otro comienzo. Por lo demás no tocaría nada.

Me ha gustado un detalle, el de la DS con cámara. Me ha gustado porque al principio la historia no plantea un tiempo concreto, y el deseo del pequeño, que la sitúa en la actualidad, hace que esa intemporalidad se haga más patente, la escena se repetirá una y otra vez a lo largo del tiempo y solamente cambiará el deseo del niño.

Marsa dijo...

Sencilla y sincera Jesús como todo recuerdo de la infancia. Coincido con Daniel y sólo cambiaría la frase del inicio. Enhorabuena.

Rosg dijo...

Este es un relato precioso, emocionante. No hay nada como los recuerdos que atesoramos de la infancia, los buenos y los malos; serán nuestro referente de por vida.

Digo como Marsa y Daniel ... y también que no hace demasiados días se veían las estrellas errantes (Perseidas, Lágrimas de S. Lorenzo) recorrer el cielo oscuro.

Bonito relato, felicidades.

Jesús Soto dijo...

Gracias por vuestros comentarios.

Uno tiende a dar explicaciones, pero eso puede quitar la magia del relato.

Respecto del principio..., tenéis razón. A veces lo que más me cuesta es empezar.

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