jueves, 20 de agosto de 2009

De libretas en blanco

Durante años apunté en una libreta de anillas la fecha exacta de la primera vez que hice algo. Con las primeras excursiones en el colegio, llegaron las primeras roturas de huesos, pero también la emoción de saber que estaba empezando a romper el cordón umbilical invisible que aún me unía a mis padres. Las primeras salidas nocturnas con mis amigas fueron acompañadas, inevitablemente y sin posibilidad de escapatoria, por el primer cigarrillo y la primera cerveza, el extraño sabor de lo prohibido. Cuando cumplí la mayoría de edad me regalaron mi primer voto (a los Verdes) y mi primer trabajo (Monitora de Tiempo Libre). Y cómo no recordar mi primer baile abrazada a un chico, mi primer beso, mi primera caricia... Me sentía extraña después de aquello, me miraba al espejo y me veía la misma de siempre, con la misma cara desde que hice la primera comunión, pero sabía que algo dentro de mí había cambiado. No había perdido nada. No puedo entender que se diga "perder la virginidad" cuando lo único que haces es ganar. Ganas en experiencia, en emociones nuevas y diferentes y, sobre todo, te adentras en el maravilloso mundo de las sensaciones. Algo así como Alicia deslizándose por el gran tobogán que separa el país rutinario del País de las Maravillas.

Las primeras veces son siempre acontecimientos importantes que, para bien o para mal, serán recordados de forma más frecuente que otros acontecimientos de nuestras vidas. La impaciencia, las ganas de que pase o el empeño que ponemos en conseguir nuestros objetivos son los ingredientes perfectos. Otras veces, en cambio, se une el miedo y el estrés ante lo desconocido. Todo forma parte de un conjunto de sensaciones difícilmente perecederas. ¿Quién no recuerda el nombre de su primer amor? ¿O la dirección de su primer piso fuera del hogar familiar? ¿O la primera vez que sopló las velas en una inmensa tarta de chocolate?

Lo que no recuerdo es qué fue de esa libreta. Quizás un día acabó en el contenedor de papel camuflada entre mis viejos apuntes de instituto. Me entristece pensar que, si todavía hoy la conservara, llevaría años cerrada, no tendría nada nuevo que apuntar. Veo a mi sobrino de dos años descubrir cada día el mundo que le rodea: su primer baño en la playa, la primera vez que se lanzó por el tobogán él solo sin ayuda de nadie, su primer día de guardería... ¿Cuándo perdemos la capacidad de asombrarnos ante el mundo? Me parece muy desolador que nos pase eso, es como dejar de regar las plantas, no sonreír durante un día entero o renunciar a bailar con la luz del universo. En mi libro favorito durante mi adolescencia "Rebeldes" de Susan E. Hinton, que más tarde fue llevado al cine por Francis Ford Coppola bajo el mismo título, aparecía un hermoso poema. No recuerdo el autor, pero tengo muy presente su mensaje "Nada dorado puedo permanecer". Me niego a aceptarlo. Seguro que si lo pensamos detenidamente hoy nos ha pasado algo emocionante. A mí, por ejemplo, es la primera vez que un desconocido me desea suerte tras la finalización de una entrevista laboral y se supone que era un rival. También he descubierto que Mafalda se ha traducido hasta al japonés (no he podido resistir la tentación de publicar la viñeta en esta entrada). Y para mañana me he propuesto que sea la primera vez que sonría al conductor del autobús que me lleva cada día al trabajo y puede que hasta me lance con los ojos cerrados y sin manos por un tobogán. Y si no hay primeras veces, ¿por qué no apuntar la segundas veces? ¿Quién ha dicho que no pueden ser iguales o más intensas que las primeras veces? Voy corriendo a buscar una libreta en blanco.

6 cinceladas:

Marsa dijo...

Hola Lamaga, empiezo a leer y me fijo en ese: "Y como no recordar mi primer baile", ponerle el acento a este tipo de "cómo", a mí también me cuesta bastante.

Y sin más cinceladas te felicito porque tu texto me gusta. Un beso.

La Maga dijo...

Cierto Marsa, siempre se me olvida esa tilde. Muchas gracias, voy a modificarlo ahora mismo. Es la primera vez en mucho tiempo que me pillan una falta (siguiendo con el tema del mes, ja, ja, ja, ja, ja).

Un saludo.

La Maga dijo...

He encontrado el poema que cito en mi texto.

De la naturaleza el primer verde es oro,
su matiz más difícil de asir;
su más temprana hoja es flor,
pero por una hora tan sólo.
Luego la hoja en hoja queda.
Así se abate el Edén de tristeza,
así se sume en el día el amanecer.
Nada dorado puede permanecer.
Robert Frost

Yo me he propuesto nunca, nunca dejar de ser dorada, o verde, o azul...

La Maga dijo...

Si me empeño puedo llegar incluso a ser multicolor. Qué tonta que estoy hoy. Esto se debe a que es viernes por la noche y no tengo plan. He modificado más cosas del texto y ahora sí que me parece que está perfecto.

Rosg dijo...

Quien no ha tenido una libretilla donde apuntar, no solo lo que nos pasaba, sino también ideas y pensamientos. Las mías siempre morían de un arrebato de risa cuando lo releía y pensaba que era una tontería.

Y no lo era. Casi seguro. Tienes razón, incluso la ultima vez de algo puede ser una ventana abierta para salir volando.


Haces bien en comprar una libreta nueva, yo la tengo desde hace bastante y esta no la pienso romper.

Tu relato está muy bien.

La Maga dijo...

Rosg me alegro de que te guste mi relato. A mí me ha encantado tu frase hasta la última vez de algo puede ser una ventana abierta para salir para salir volando.

Un saludo.

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