viernes, 10 de julio de 2009

El viaje

En Ceuta pude costearme el pasaje en un barco genovés, cuyo destino final era Alejandría. Al capitán no le importaba trasladar pasajeros creyentes mientras pagasen con buenas monedas, y yo no tenía reparos en ir en compañía de infieles mientras pudiese llegar cómodamente a Egipto.

La primera noche traté de entablar amistad con el capitán. El genovés no reparaba en preguntar con escaso árabe y yo lo entendía perfectamente, gracias al empeño de mi padre en que aprendiese la lengua del Profeta para leer las palabras directas de Dios. En mí se despertó el interés por asimilar el genovés que el capitán hablada con su tripulación. Lo primero que me enseñó fue la dirección en la cual navegaba el barco y el lugar donde nos avituallaríamos.

En Cerdeña el capitán permitió que lo acompañara mientras buscaba las provisiones y mercadeaba con otros genoveses. Hablaban muy rápido y apenas conseguía entender alguna de las palabras con las que nombraban las mercancías.

Al atardecer un templario se nos acercó. Sentí miedo al ver su cruz paté roja sobre el pecho; y extrañeza al ver con qué reverencia el capitán lo atendió. No supe qué se dijeron, pues la lengua me era desconocida, más tarde el capitán me diría que hablaban en franco. Rehusó decirme más de la conversación y yo no quise mostrarme descortés preguntando.

A la mañana siguiente en el barco nadie preparaba su salida del puerto. El capitán anduvo gimoteando de punta a punta todo el día. El segundo día me enteré que esperábamos unos pasajeros. Entrada la noche llegaron. Eran tres fuertes hombres bien cubiertos y escondiéndose de ojos indiscretos. Uno de ellos mostraba cansancio al andar y tosía constantemente. El capitán se alteró al verlos, disimulaba el nerviosismo y el malestar por el retraso. Días después me revelaría el miedo de no cumplir con el templario el trato que tenía para el viaje. Los tres extraños partirían con nosotros hasta Sicilia. Con la noche bien entrada el capitán decidió salir sin demora. En alta mar me despertó.

Uno de los pasajeros que recogimos estaba enfermo. Como yo le había comentado mis conocimientos de la medicina de Avicena, el capitán esperaba que examinase al enfermo y le dijese que tenía. Cualquier enfermedad contagiosa arruinaría su viaje y el pasajero era demasiado importante para morir en su barco.

Los dos acompañantes del enfermo no objetaron de que un creyente examinara a su compañero. El capitán les informó que yo era un afamado médico andalusí y podría curar al enfermo. El Misericordioso permitió que mis manos curasen al infiel, años más tarde entendería por qué.

Cuando los dejamos en Sicilia al menos ya no tosía y su color se había repuesto un poco, la demora de un día también hizo efecto. Esa fue mi primera sanación y la primera gran recompensa del viaje en el que me había embarcado.

(Corregido, 13-07-2009)

7 cinceladas:

Marsa dijo...

Hola Jesús, me ha gustado tu texto y poco hay que cincelar. Pero sí hay algo. Si no me equivoco:

1) Hereje: no sé si querías tachar de ello a la tripulación y a parte del pasaje por ser de diferentes religiones, porque hereje es la persona que se aparta de alguna de las creencias de una religión, y no a las diferencias de credo entre diferentes religiones.

2) Donde dices (Párrafo 2-línea 1): "no reparaba en preguntar con un escaso árabe", creo sería más preciso: CON ESCASO ARABE (no tengo acento para mayúsculas), o CON SU ESCASO ARABE. Y final de párrafo: Cambiar (desde mi forma de decir): "Lo primero fue enseñarme", por LO PRIMERO QUE ME ENSEÑO FUE, o LO PRIMERO QUE HIZO FUE ENSEÑARME.

3) Párrafo 5, línea 1: "el barco no se preparaba" tal vez mejore con: EN EL BARCO NADIE PREPARABA SU SALIDA DEL PUERTO.

4) Párrafo 6, línea 1: La primera frase parece continuación de la última del p. 5. El sujeto es el mismo en ambas. Tal vez no debieran estar separadas por un punto y aparte.

5) Párrafo 7, primera frase: "no objetaron en que". Cambiaría este EN por DE o SOBRE.

Al final he cincelado más de lo que esperaba.

Rosg dijo...

Hola Jesus: Me gusta tu relato, lo encuentro sencillo y relajado y apetece seguir leyendo, para ver que pasa con la historia de ese viaje.

Yo encuentro algunas pequeñas cosas que, de ser mío, le cambiaría. Si me permites te las digo por si te apetece:

No tenía reparos en (ir) en compañía de herejes....

Habituaríamos (habituallaríamos)

Miedo de no cumplir con el templario el trato (que tenían) para el viaje

Los tres extraños "partirían" (viajarían)con nosotros hasta Sicilia

La luna bien "alta"
En "alta" mar

Se repite alta demasiado cerca

Saludos cordiales.

Jesús Soto dijo...

Gracias por vuestras cinceladas.

Marsa, tienes razón la palabra adecuado es infiel y no hereje. Intentaba expresar como llamaría un creyente en el Islam del siglo XII al resto de los no creyentes.

Rosg, "No tenía reparos en (ir) en compañía de herejes....", es curioso como engaña la mente, lo he leído varias veces y yo leía el "ir" que no estaba. Ese será el motivo de que mis textos sean mucho más buenos cuando los leo yo que cuando los lee otro, ;-))

Saludos Jesús Soto.

Rosg dijo...

Gracias Jesús. He de darte la razón en alguna de las cosas que me dices. He cambiado un poco y creo que ha quedado mejor.

Daniel Turambar dijo...

Jesús el texto me parece muy bien pulido. Consigues con leves pinceladas meternos en la ambientación y la época pero... como diría el gran Chiquito... ¡Por la gloria de mi madre! ¡Cobarde! ¿Quién era el fistro de pecador que casi la espicha en el camaroteeeeer?? Y mucho más importante ¿Dónde puedo seguir leyendo esta historiarrrr?.

Muy bueno compañero.

Rosg dijo...

Con la cara colorada dejo aquí constancia de que se escribe avituallar y no habituallar. A veces hay algo que me traiciona al escribir. Puede que sea mi mala cabeza ....

Marsa dijo...

Estoy segura que quedará una novela de aventuras interesantísima. Espero leerla algún día.

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