martes, 2 de junio de 2009

LA CASA DE MI ABUELA

Hay una imagen en mi mente cuando pienso en verano: la preciosa higuera, de aroma exquisito, en el rincón trasero del jardín. La fila de pequeños y robustos perales, haciendo sombra y el columpio colgando de dos de ellos, bajo el que había surgido un hueco en la tierra.

La gran casona que había sido el hogar de mi abuela desde su infancia, estaba rodeada de toda clase de árboles y flores y pequeñas veredas de losetas de piedra por las que caminábamos, patinábamos e incluso andábamos en bici.

Guardo maravillosos recuerdos de cada uno de los veranos que viví allí con mi familia, pero sobre todo los que aún me emocionan son los que se fraguaron de la convivencia con mi abuela.

Se quedó viuda demasiado pronto, con un negocio en el que solo había hombres y además ocho hijos, algunos aún niños, de los cuales cinco eran varones. Tuvo que tener mucha fuerza y mucho amor para salir adelante y además conseguirlo manteniéndolos unidos a todos.

Por la casona, en verano, siempre había niños corriendo, llorando o riendo. Sobre la gran mesa de mármol de la cocina, hileras de pan que se troceaba en porciones iguales para untarlo de mantequilla o de nata sacada de la leche después de hervirla. En la cocina económica, una chocolatera con su mango largo cocía muy despacio el chocolate del desayuno haciendo que su aroma se extendiera por toda la casa.

Y los domingos. La misa en la iglesia del pueblo, los reclinatorios con el nombre de cada una de las personas mayores. Los hombres a un lado y las mujeres al otro, sin mezclarse, sin mirarse. Las mantillas negras, los trajes de la boda, antiguos y recién planchados. Y después las conversaciones de los mayores en voz baja, aprovechadas por nosotros, los niños, para corretear por entre los árboles y para ir a gastar la paga del domingo a la tienda de Carolina: regaliz de palo, pirulís, chicle de fresa, chufas mojadas en agua.

Un día mi abuela decidió morirse. Perdió de pronto el interés por la vida. No era muy mayor, según lo vemos en estos tiempos, pero para ella ochenta y seis años, decía, eran ya demasiados. Se fue tranquilamente, de manera sosegada y casi sin avisar. Con toda la vida que le quedaba brotando de sus pequeños y vivarachos ojos azules y una sonrisa bondadosa en la cara.

Yo ya empezaba a ser una mujercita (eso decía) y pude darme cuenta de lo que su muerte significaba para todos sus hijos. La casona continua en pié, ahora más bonita que antes, tal vez, por que ha sido remodelada y puesta al día. Sigue siendo de una parte de la familia y aún vuelvo allí, de vez en cuando. Pero ya no es igual. Me gustaba más cuando era una casa de pueblo, rústica y envuelta en el misterio de su jardín, donde yo dejaba pequeños altares en mis rincones secretos; donde enterraba en tarritos de cristal mis primeros poemas; donde estaba mi abuela.

Rosg\zara_x

5 cinceladas:

Jesús Soto dijo...

Unas cinceladas:

Me encanta la frase "Un día mi abuela decidió morirse", a veces la sencillez se sobra para expresar largas explicaciones. Sin embargo la siguiente frase rompe esa sencillez, no sé si quizás por los repetidos "que". Y el demasiado lo cambiaría, no porque no esté bien, sino por emplearlo más arriba.

"Se quedó viuda muy pronto,...", la cambiaría por: "Se quedó viuda demasiado pronto,...", donde con "demasiado" se expresa la continuidad de la calidez del relato con la tristeza por el suceso. Bueno, salvo que alguien opine sobre colocar adv+adj frente a adj+adj o lo que sea.

Otra cuestión, ahondando más en comentarios pasados, en el último párrafo se podría emplear ';' para separar los 'donde':

Me gustaba más cuando era una casa de pueblo, rústica y envuelta en el misterio de su jardín, donde yo dejaba pequeños altares en mis rincones secretos; donde enterraba en tarritos de cristal mis primeros poemas; donde estaba mi abuela.Esto añadiría más... ¿diversidad gramatical?... ¿riqueza?..., no se... vamos, como los que ganan dinero con esto de escribir y además les dicen que saben escribir.

Rosg dijo...

Muchas gracias Jesús. Te he hecho caso, pero solo porque pienso que lo que me dices está bien jajaja no te acostumbres, puede que en otra ocasión no lo haga.

He cambiado la frase después de : "Un día mi abuela decidió morirse". Me gusta más así, sencilla y directa.

Te agradezco mucho tus consejos. De verdad.

Marsa dijo...

Amiga Rosg, cuando leía tu texto me he sentido amiguita tuya, de tu edad, compartiendo en casa de "la abuela" unas vacaciones. De verdad que he podido sentir que aquellas vacaciones fueron deliciosas. Muchas gracias.

Jesús Soto dijo...

Hola Rosg, el párrafo a quedado genial, de hecho deberías incluirlo en el concurso de relatos en Elpais.com. Ánimo.

Daniel Turambar dijo...

Unas puñaladas, digo cinceladas. :)

"rodeada de toda clase de árboles y flores y pequeñas veredas " Creo que ahí va una coma para separar la primera enumeración de la segunda "árboles y flores, y pequeñas veredas..."

"Sobre la gran mesa de mármol de la cocina, hileras de pan que se troceaba en porciones iguales para untarlo de mantequilla o de nata sacada de la leche después de hervirla." Aquí yo cambiaría las comas de sitio e insluso haría algún cambio: "Sobre la gran mesa de mármol de la cocina, pan troceado en porciones iguales esperaban en hileras para ser untado con mantequilla o nata sacada de la leche después de hervirla."

"paga del domingo a la tienda de Carolina" no hace falta que repitas del domingo, ya está claro

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