sábado, 6 de junio de 2009

Deméter y Core

Hace mucho tiempo, nuestra Gran Madre Deméter, cultivaba la cebada con la que alimentaba a sus siervas. Las doncellas le cantaban y ofrecían su virginidad para que la Gran Madre sustentase nuestro pueblo. Fueron tiempos dichosos, de gran prosperidad para nosotros. Teníamos tanto alimento que crecimos bajo su protección.

Una noche el cielo oscureció más de lo normal. Ni la Luna, ni las estrellas iluminaban el techo que nos cobijaba. Supimos que era un mal presagio. A la mañana siguiente los valles se despertaron cubiertos de una capa gris: en cenizas; como si las plantas hubiesen ardido. Nuestra Madre Deméter sabía que la cebada moriría y a sus doncellas, que alegremente le bailaban, se les acabaría marchitando el corazón. Por más que lo intentó no conseguía liberar a la Tierra de su manto gris. Invocó al Dios de la Lluvia y al Dios del Viento, sin encontrar descanso en su amargura por nosotros. El constante trabajo para reverdecer de nuevo los campos melló el cuerpo y el ánimo de la Gran Madre.

Aunque nosotros nos ofrecíamos a ayudarla, ella se sentía afligida por el escaso aporte. Decidió pedirle al Dios de las Tormentas una hija, y este se la otorgó. Core nació tan esbelta como su madre y con el vigor de su padre. Con su ayuda, las dos, trajeron la felicidad a nuestros campos; a nuestros valles; y a nuestras montañas. La cebada volvió a brotar como nunca antes lo había hecho.

Era el atardecer, mientras las doncellas de la Gran Madre preparaban el altar con las libaciones y untaban sus cuerpos de aromático aceite, cuando Core se quedó mirándolas, observando los bellos cuerpos desnudos y relucientes; contemplando el delicado contoneo consagrado a su madre; deseando el chorro de agua de cebada derramado en el suelo. Entonces la envidia del padre emanó de sus ojos.

Core esperó toda la noche rumiando sus celos y, al llegar el Dios Sol, que abrasa la piel, del día siguiente, fue, llena de cólera, a exigir a la Gran Madre la libertad de la que ella carecía y a nosotros nos daba. Deméter la intentó apaciguar; pero la hija se enfureció de tal manera que la tierra se calentó a su alrededor y los ríos se secaban. Los animales como nosotros mismos, comenzamos a respirar un aire asfixiante.

Deméter pidió la ayuda del Dios de la Tormenta para que apaciguase a la hija. Después de un día de furia del padre la hija cesó su cólera, sin aplacar su enfado. Entonces urdió dejar sin hojas unos árboles y a otros no se las quitó; así la madre recordaría su enojo. Deméter comprendió que Core no deseaba hacernos mal alguno: éramos los amados de la Gran Madre; ni quería impedir que las doncellas del templo dejaran de presentar sus ofrendas. Solo ansiaba la libertad para lograr sus propias doncellas y recibir sus alabanzas.

Unos dicen que Core terminó escapando y Deméter sembró la tierra de nieve para que las pisadas de Core la delataran. Otros dicen que fue el Dragón Illuyankas quien trajo las nieves del norte para esconder la huida. Se enteró de los anhelos de la hija: del reino que pretendía, y le ofreció el suyo, donde las nieves son perpetuas y el frió congela los ríos. Al final, Deméter se enteró de que su hija marchó con el Dragón y entristeció.

La Gran Madre dejó que las cosechas se secaran; que las montañas se cubrieran de nieve y los ríos se congelaran; que los osos entraran en un sueño profundo y la cebada se perdiese. Mi pueblo se sintió muy afligido por la tristeza de la Gran Madre.

Entonces fuimos nosotros quienes decidimos pedir ayuda al Dios de las Tormentas. Aunque antaño el Dragón lo había vencido, su poder iba cada vez en aumento. Montado en su carro recorría toda la Tierra derrotando cuantos dioses le presentaban batalla, incluso la Gran Madre al concebir a su hija le permitió ser el Señor de todos los dioses.

Las doncellas del templo eligieron a un sacerdote que le ofreciera libaciones al Dios de las Tormentas. Durante los fríos días impuestos por Illuyankas, mi pueblo permaneció suplicando la intervención del Gran Dios. Nuestras peticiones fueron escuchadas.

Una gran nube cerró el cielo, tapando al Dios Sol y oscureciendo la Tierra. Los rayos y truenos iluminaban las montañas, las cabras y ovejas rompieron los rediles, los lobos se escondieron en las cuevas, y los toros y asnos huyeron de las riberas de los ríos. Nosotros nos refugiamos en el templo, sabíamos que el Dios de las Tormentas nos había escuchado y estaba luchando duramente con el Dragón.

Durante unos días, los de mi pueblo, se quedaron mirando cómo el sacerdote elevaba las plegarias, hasta que la tormenta amainó. Terminó exhausto, con un único aliento para contarnos lo sucedido.

El Dios de las Tormentas sentió tristeza por Deméter y nosotros. Sabía que, si la Gran Madre no alegraba su corazón, no tendríamos cosecha al año siguiente y mi pueblo moriría de hambre. Así que decidió luchar. Illuyankas, vanidoso por la victoria anterior, se confió al aceptar la invitación del Gran Dios.

Durante la cena, el descuidado Dragón, se atiborró de cuantos alimentos llenaban la mesa, sin percatarse que, una vez en su estómago, estos empezarían a crecer y crecer y demandarían grandes cantidades de agua. Cuando estuvo bien orondo, el Dios de las Tormentas, se abalanzó contra él con unos grilletes de duro bronce. Lo amarró fuertemente a la silla mientras Core los miraba asustada. En un descuido, el Dragón, aprovechó su larga cola para golpear al Dios de las Tormentas, romper el respaldo de la silla y saltar volando buscando la huida. El Dios de las Tormentas cogió su carro tras él, y en los cielos combatieron ferozmente.

Después de largos días sin descanso el Dragón cedió y reconoció el poder del Dios de las Tormentas, quien, aún siendo el vencedor era magnánimo y sabiendo que la separación de la pareja perturbaría a los dos, le ofreció un trato: Core repartiría el año entre él y su madre.

Así cada año, cuando Core regresa con Deméter la tierra florece y los campos se llenan de cebada. Al terminar la siega el Dios Sol, amigo del Dios de las Tormentas, vigila a la inquieta doncella desde lo alto del cielo. Pero Core vuelve a recordar a su madre el trato, dejando algunos árboles pelados de hojas. Entonces regresa Illuyankas para llevársela a su reino. Conforme pasa el tiempo el frió se hace más helador, Deméter empieza a entristecer y el Dragón, reconfortado por su breve triunfo, se muestra pletórico inundando los campos de nieve. Hasta que los Dioses del Viento y la Lluvia, enviados por el Dios de las Tormentas, llaman en las puertas del reino del Dragón exigiendo que Core retorne con su madre.

(Corregido, 12-06-2009)

7 cinceladas:

Jesús Soto dijo...

Perdonad por la extensión, pero es una historia que pertenece a texto que estoy escribiendo y quería compartirla para cincelarla.

Como alguno apreciareis, la historia no pretende ser original, hecho que obviamente no lo es. Trata de cómo contar la historia de los labios de una joven a su amado en una plácida tarde de verano. Os he querido evitar todo la escena y los diálogos intercalados para no eternizar el post, pues lo importante es la historia; es decir, como interpretaban la civilizaciones antiguas el cambio estacional.

Saludos Jesús Soto.

Marsa dijo...

Sí que es largo, Jesús. Espero poder ordenar mis notas.

Párrafo 2.- La puntuación que has elegido creo que no es correcta (¡lo que estoy aprendiendo!), creo que en la frase "cubiertos de una capa gris, como si las plantas hubiesen ardido en ceniza, sin arder." quedaría más clara DOS PUNTOS después de "gris" y a continuación "(...)en cenizas" PUNTO Y COMA. Y seguir con: "como si las plantas hubiesen ardido" PUNTO Sobraría el "sin arder".

P. 4º, última línea.- "Entonces, la envidia del padre, emanó de sus ojos" creo que SOBRAN LAS 2 COMAS.
El por qué de que emanen de los ojos sorprende; tal vez se explique conociendo la parte anterior del texto.

P.5.- Me ha parecido farragoso atención a su sintaxis.

P.6.- Idem.

P.7.- 2ª línea: Este "Sin embargo" SOBRA, Y el RESTO DE LA FRASE, PODRÍA IR ENTRE PARÉNTESIS.
. 3ª línea: "del reino que pretendía mandar" ¿No bastaría: EL REINO QUE PRETENDÍA?. Creo que aquí REINO es un complemento indirecto y no directo. ELLA PRETENDÍA MANDAR EN EL REINO y no: ELLA PRETENDÍA MANDAR EL REINO o explicitar qué reino pretendía mandar.
. 5ª línea, último punto y seguido: "Da igual, lo cierto es que... ¿A quién le da igual? Tal vez mejor: "Lo cierto es que Demeter se enteró de cómo (ACENTO en cómo)

P.10, última línea.- "Y, entonces, sucedió." Creo que SOBRAN LAS COMAS
y faltan DOS PUNTOS al final para enlazar con lo que continúa.

P.12º.- ACENTO en como : (...) "cómo el sacerdote elevaba(...)"

P. 13ª.- Confuso. Tienes que cuidar la sintaxis para aclarar el sentido de las frases.

P. 14º.- (...) "que, una vez en su estómago, estos empezaron (...)Creo que le corresponde un ¿condicional? ESTOS EMPEZARÍAN (...) Y DEMANDARÍAN.

UFFFFFFF! he trabajado como una china. Pero no entiendo cómo seguía siendo docella la interfecta después de la aventura con el dragón. Jajajaja

Jesús Soto dijo...

Gracias Marsa por tus comentarios, espero haberlo mejorado con tus aportaciones.

Marsa dijo...

A ver qué te parece así:

"Core esperó toda la noche rumiando sus celos, y al día siguiente, al llegar el Dios Sol (el que abrasa la piel), fue, llena de cólera, a exigir a la Gran Madre la libertad, que le faltaba y a nosotros nos daba. Deméter la intentó apaciguar, pero la hija se enfureció de tal manera que la tierra se calentó a su alrededor y los ríos se secaban.
Los animales como nosotros mismos, comenzamos a respirar un aire asfixiante.

Deméter pidió la ayuda del Dios de las Tormentas para que apaciguase a su hija. Después de un día de furia, cesó la cólera de Deméter, pero no aplacó su enfado; urdió dejar sin hojas a la mitad de los árboles y así su madre recordaría su enojo. Y Deméter comprendió que Core no deseaba hacernos mal alguno, éramos los amados de la gran Madre, ni quería impedir que las doncellas del templo dejaran de presentar sus ofrendas. Sólo ansiaba la libertad para lograr sus propias doncellas y recibir sus alabanzas."

Y más abajo:

"El Dios de las Tormentas sintió tristeza por Deméter y por nosotros. (...) se confió al aceptar la invitación del Gran Dios."

Espero poder leer este trabajo tuyo algún día, me parece muy interesante el tema.

Marsa dijo...

El lineado me ha fallado. Después de "los ríos se secaban" continuaría la frase siguiente con PUNTO Y SEGUIDO.

Rosg dijo...

Me ha parecido un manera deliciosa de contarnos como y por qué llega la primavera o el verano, etc. Me ha recordado un poco el libro "La Dama del Lago", que habla de la Diosa y no del Dios y otras similitudes. También encuentro agradable la idea de esos dioses tan preocupados por los seres humanos y dispuestos a ayudarles siempre bondadosamente.

Es una historia que yo leería encantada a mi nieto, por ejemplo, si es que él quisiera escucharla jajaja.

Después de leer a Marsa poco más puedo decirte. Solo un par de cositas simples:

Tu frase dice:

La libertad que ella carecía.

Yo pondría:

La libertad de la que ella carecía. (parece que suena mejor)

Tu frase dice:

Y a demandarían grandes cantidades de agua.

Yo pondría:

Y demandarían .... etc..

Me ha gustado mucho.

Saludos.

Jesús Soto dijo...

gracias por vuestras aportaciones, me están siendo muy instructivas estas cinceladas. He atendido a vuestros comentarios con algunos matices. Por ejemplo, cuando dices "la mitad de los árboles", me entra la vena quisquillosa, se trata de "justificar mitológicamente" la aparición de árboles de hoja caduca y de hoja perenne, por tanto, no podemos decir que son la mitad, aunque podría serlo.

Sigo sin tener claro un tema que deseaba experimentar en este relato: el uso de los nombres. Gran Madre y Deméter son el mismo personaje, Gran Dios y Dios de las Tormentas también, como Dragón e Illuyanka, se introducen para equiparar mitologías y no repetir constantemente los mismo nombres. No obstante, da la sensación que aparecen demasiadas veces. Pero, cómo contar la historia si tener que decir sus nombres una y otra vez.

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